B DE BAUHAUS, DE DEYAN SUDJIC

¿Qué nos dice el diseño?

Este libro de Deyan Sudjic, Director del Museo de Diseño de Londres, es una guía personal, a veces autobiográfica y sentimental, acerca de algunos diseños, objetos y polémicas que han conformado y conforman ciertos aspectos del mundo tal como lo conocemos. Arquitecto de formación, periodista y analista de variados temas no solo relacionados con la forma, sino también con la función, Sudjic ofrece una mirada comprehensiva, y también afable, de toda suerte de viñetas y representaciones de edificios, diseños, polémicas, manifiestos o simples repasos históricos.

Es cierto que la arquitectura ocupa un lugar preeminente en el volumen, pero no lo es menos que como uno de los principales ejes de creación consciente, ideológica y política de las ciudades (y hablamos de la arquitectura de los arquitectos, no de la construcción en sí) y en realidad, como responsable de muchos de los contenedores culturales, desde museos y urbes al completo a más modestas soluciones, constituye una parte importante de la realidad que nos circunda. Además, con la autonomía que consigue al separarse de otras artes, y al aceptar el uso y la función industrial que debe también cumplir, se convierte en el campo de debate entre el funcionalismo y el adorno, de modo que reproduce, en su seno y con su terminología, un debate que la trasciende.

Como señala el propio Sudjic,siempre ha habido arquitectura y siempre ha habido diseño, pero del mismo modo que el mundo analógico sufrió una transformación enorme al abandonar la artesanía como el principal medio de producción de objetos y confiar a la serie industrial esa misión, y además multiplicada, el mundo en el que vivimos tiene que lidiar todavía con la comprensión completa de las implicaciones del paso a lo digital. En ese magma, y como corresponde a los tiempos, la indefinición y la confusión reinan: Sudjic propone el buen diseño como una parte importante de la clarificación y la mejora de la vida de las personas.

«El diseño transporta significados sobre sus creadores y cambia la percepción de las personas sobre el mundo y su comprensión»

El volumen es muy iluminador incluso aunque el interés del lector no se dirija a las implicaciones del diseño más allá del objeto y la función, en tanto que aquel transporta muchos más significados: de status, sociales, de diferenciación e identidad. Para ello, el autor elige objetos que sean capaces de explicarnos sus propias implicaciones: desde ese punto de vista, hay una lucha ideológica entre la arquitectura posmoderna o la arquitectura racionalista, con Bauhaus a la cabeza, o entre las implicaciones morales del diseño de armas y su condición de objetos atados a la forma industrial, que el autor ilustra con la polémica generada cuando el Museo de Diseño de Londres adquirió para sus fondos un fusil de asalto AK47, el arma más vendida de todos los tiempos. Tales implicaciones permiten a Sudjic acercarse a análisis sobre estrategias empresariales, pasando por un amplio anecdotario de manifiestos y exabruptos, o descripciones de diseños exitosos y de fracasos evidentes. Por este tipo de mirada, y porque el autor escribe con amable variedad, el libro es muy entretenido para el lector.

Es cierto que se habría beneficiado de algún apoyo gráfico, pero la definición del mismo como diccionario, que no como enciclopedia, y entiende este crítico que la elección de una concepción analógica (pero tan robusta) como el libro, determinan la función y el manejo, y por lo tanto el diseño. Además, para la mayoría de temas tratados, las definiciones y vívidas descripciones de Sudjic cumplen la función de ilustrar los objetos tratados, la mayoría de los cuales, por otra parte, son iconos del diseño, desde el Museo Guggenheim de Bilbao a los objetos de la marca Braun. Como diccionario no exhaustivo que es, elegidos los términos por el autor, que no duda en incursiones sentimentales por su propia biografía, se debe confiar en la guía, exitosa sin duda, del observador sagaz que es Deyan Sudjic.

Si quiere profundizar en lo que dice el diseño de sus mensajes, podemos ayudarle aquí.

Deyan Sudjic. B de Bauhaus. Un diccionario del mundo moderno. Madrid: Turner Editores, 2014. Reseña publicada con anterioridad en microrevista.com y poesajes.com. Redifusión con permiso.

La Gran Degeneración, de Niall Ferguson

MASerranoNEwYork

Niall Ferguson, historiador británico de renombre y profesor de Harvard, es persona acostumbrada a los focos y a entrar en polémicas a veces un tanto disparatadas. Su posición ideológica de defensa del capitalismo hace que muchas veces la humareda del debate político no deje ver que algunos de sus planteamientos, discutibles como todos, ofrecen ideas para la reflexión que deberían incorporarse al análisis del estado de las instituciones democráticas occidentales: la discusión es necesaria para salvarlas y fortalecerlas. Además, sus análisis culturales suelen pecar de anglocentrismo, sesgo por lo demás muy habitual. Sin embargo, La gran degeneración es un libro interesante pues pone el dedo en algunas llagas vivas y en algunas escoriaciones en franca corrupción.

El análisis se apoya en cuatro pilares que el propio autor señala como armazón metodológico, a saber: el gobierno representativo, el libre mercado, el imperio de la ley y la sociedad civil y de las que el autor sostiene que son cajas negras porque habitualmente se prefiere centrar el debate en otros términos. Apoyadas en tales pilares, las sociedades occidentales han podido prosperar y dominar el mundo desde el siglo XV, con consecuencias indeseadas para muchos pueblos. No es amigo el autor de suponer causas en lo cultural o religioso, sino en el hecho de que las instituciones proporcionen un marco legal suficientemente claro para que se desarrolle el progreso. Naturalmente, las definiciones sobre qué es el progreso no están en discusión, puesto que la posición de partida es casi smitheana: el progreso es el bienestar creciente, pero no se discuten las palancas de distribución del mismo o qué quiere decir realmente bienestar. Del mismo modo, la decadencia de las instituciones occidentales no necesariamente valora la pujanza de otros sistemas pseudo o no capitalistas, como el capitalismo de Estado, o de otros modos de organización institucional no democráticos que alcanzan razonables cotas de prosperidad y participan de modo inesperadamente poderoso en el juego de los mercados, por más que resulten lesivas para algunos derechos fundamentales y por lo tanto condenables. Es decir, que a los males propios de Occidente, se une una competencia económica más sofisticada de otras zonas y modos culturales del mundo.

«Casi todos los análisis sobre los problemas sociales son trasladables al ámbito de la empresa»

Superadas estas premisas, no obstante, el análisis del libro ofrece perspectivas de diagnóstico inteligentes y propuestas de solución sobre las que será el lector quien deberá decidir si son viables o plausibles.

El primero de ellos se hace sobre el funcionamiento de las instituciones: si no está asegurada su calidad (las relaciones entre todas ellas, por ejemplo, o las fuentes de legitimidad no sujetas a elección o escrutinio público), es complicado que una sociedad se desarrolle, como lamentablemente vemos en algunos países precisamente subdesarrollados. La relación entre libertades políticas y libertades económicas parece clara para el autor. Así, la diferencia estriba en que las elites políticas sean extractivas (en la feliz denominación de Acemoglu y Robinson) o inclusivas. El asunto miliar se apoya en que sociedades como las europeas, en distinto grado, que han disfrutado de esta posibilidad de expansión pueden verse abocadas al decrecimiento porque se agota la potencia institucional, sea por el exceso de deuda o porque el entramado es tan complejo que resulta en parálisis.

El segundo pilar es el del mercado.Para el autor, la crisis financiera de 2.007 tiene en parte su origen en la excesiva regulación del sector financiero y no en que, como sostienen otros autores, la famosa desregulación de los 80 diera excesiva libertad. El problema de la ley no es que haya demasiadas regulaciones, sino malas regulaciones. La calidad legislativa, en sociedades tan interconectadas como las actuales, es básica para delimitar las responsabilidades, puesto que el peligro de contagio rápido (por ejemplo, un pánico bursátil) es evidente. Para Ferguson, la metáfora darwinista, que tanto éxito ha tenido entre algunos teóricos del mercado, no es pura, puesto que tiene algo de creacionista en la figura del regulador, que es finalmente responsable (y a su través, añadimos, los contribuyentes).

El tercer pilar es el del imperio de la ley, como garante de las operaciones e intercambios cotidianos de cualquier tipo entre actores diversos. Ferguson detecta cuatro amenazas: la tensión entre derechos civiles y salvaguardas de seguridad, la introducción del derecho europeo continental en la legislación consuetudinaria inglesa (lo que parece un gran pecado para el autor), la complejidad del derecho escrito, esto es, la sobre-regulación, y finalmente el coste de la misma para las empresas. Y además, que el imperio de la ley se ha visto sustituido por el imperio de los legisladores.

El cuarto pilar carcomido es el de la sociedad civil, que es la que, según el autor, debe liderar el necesario cambio. El problema es que el asociacionismo está en declive. Las afiliaciones a sindicatos, partidos o asociaciones retroceden, tal vez porque su utilidad no siempre queda clara. Y, añadimos nosotros, que en realidad en una sociedad con órganos de representación pagamos a funcionarios y políticos para que sean ellos quienes lideren las reformas. Puede ser cierto que la única esperanza de cambio sea la propia sociedad, pero eso no oculta que, en tal caso, hay una dejación, como poco, de los gobernantes.

En resumen, La gran Degeneración es un libro interesante, con algunos puntos de vista discutibles (como en cualquier análisis de este tipo, por otra parte) y también cierto pesimismo sobre el futuro de Occidente. Si el lector es de los que cree en un mundo regido por la concepción europea, o mejor, anglosajona, del mismo, probablemente se estremecerá.

Si quiere profundizar en cómo evitar el desgaste de sus mensajes, podemos ayudarle aquí.

La Gran Degeneración. Cómo decaen las instituciones y mueren las economías. 
Niall Fergusson. Traducción de Francisco J. Ramos.  Debate, 2013. Texto retrabajado. Redifusión con permiso de microrevista.com y poesajes.com